Wednesday, August 22, 2012

La Palabra de Dios dirige y llena mi vida


Soy Alicia, una Filipina que me uní a las Hijas de San Pablo (Paulinas) aquí en Madrid, España para hacer la misión con ellas. Estamos presentes en 54 países y difundimos la Buena Noticia de Jesús utilizando los medios de comunicación social: libros, películas, radio, televisión, internet, música, etc.

Mi vocación es un gran don que el Señor me ha dado. Él ha preparado mi corazón para su llamada. Me sentí atraída a la vida religiosa desde pequeña. Primero por mi madre. Mi abuela materna fue también una asidua fiel de la iglesia y yo siempre la acompañaba a misa, rezaba el rosario, y participaba de otras actividades de la Iglesia... Creo que ahí empezó mi atracción por seguir y amar a Jesús. Sentía que crecía cada vez más mi amor a la oración y se iba iluminando mi camino. Mi familia (tengo dos hermanas y dos hermanos) colaboraba con la parroquia, en la que trabajaban sacerdotes españoles. En mi casa se vivía en serenidad, un punto común de todos era la pasión por el juego del pingpong, en el que mi padre era un campeón local, participando en varios torneos y gozando de los aplausos de toda la familia.

Cuando tenía 17 años, frecuentaba la clase de teología en la universidad de los Jesuitas, en el Ateneo de Zamboanga, en el sur de Filipinas; mi maestra fue una Misionera de las Mercedarias de Berriz. Además de enseñarnos la teoría en la clase, la maestra nos invitaba a ir a su comunidad para profundizar y compartir en grupo la lectura de la Biblia. Allí comencé a estar más implicada en actividades religiosas y aprendí a leer la Biblia, especialmente las cartas de san Pablo. Subrayo este amor por la Biblia porque antes de este encuentro con las hermanas, me interesaban solamente las novelas románticas. Pero en el momento en que comencé a leer la Biblia, no tuve más atracción hacia otros libros. Cuando leía las cartas de san Pablo, sentía que penetraban cada vez más en mis pensamientos, en los sentimientos y en los deseos. Era como si san Pablo hablara conmigo personalmente y me pidiera que lo imitara en su amor radical por Jesús.
¿Por qué entré en las Hijas de San Pablo?
Conocí algunas Congregaciones religiosas, e iba reflexionando sobre mis motivaciones para ser religiosa, y si lo que sentía en mi corazón no era solo una fantasía. En la oración descubrí la certeza de mi llamada. Pero ¿donde? Yo todavía no lo sabía. Con el paso del tiempo, me encontré con una Hija de San Pablo que me invitó a su comunidad. Allí se confirmó la llamada de Dios y sentí claramente que podía ser Hija de San Pablo y compartir la misión de esta familia religiosa. A los 26 años, gracias a Dios, entré a formar parte de la Congregación de la Hijas de San Pablo. Ahora, pasados bastante años, me siento la persona más feliz y realizada en este mundo. Cada día renuevo mi Sí al Señor y continuamente le doy gracias por el inmenso don me ha dado.